Mírame, hablando a las nubes,
creyendo que me entienden.
Pensando en el antes de ayer que te perdistes,
por mis ojos,
por la noche,
por la poca luz que había.
Piénsame como un loco insano, pero ni aun así te valgo.
Perdí trenes, siempre me encantó golpear mi cráeo contra
la pared,
ver luchar a Alex contra la máquina,
con cierto toque romántico-auntoengañista.
Si fui algo en otra vida, debió ser escapista
de los lunes, los perfumes, del salto de valla cocinando olivas.
No es el sol el que me tienta,
con mi termómetro a treinta,
escaleras por debajo de tu altura.
Así que háblame que no me canso de escucharte.
Yo las bicicletas las uso en invierno,
para mi no hay ninguna yerma,
mis bodas son de vino no de sangre,
mis campos son los mares y no hay en castilla,
mis luces bohémicas andan a oscuras,
mis tres sombreros son de tubo no de copa,
yo con Mario estuve 24 horas,
a mi no hay niebla que me ciegue.
Mira lo que he hecho,
he puesto punto y final a esta mierda de poema,
rompiendo,
con la media españa que merece la pena.
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